lunes, 26 de noviembre de 2018

Parece un golpe, habla como golpe, camina como golpe, sin balas, pero golpe...











Apunte de Jaime F. PérezUscanga
El Mante, Tam. 26 de noviembre de 2018

Vaya... todo parece indicar que las fuerzas económicas y financieras del país están operando de manera por demás implacable para, si no impedir, sí al menos dificultar mucho el proceso de sucesión presidencial a escasos cinco días de que éste ocurra.
En contraste con las bolsas de prácticamente todo el mundo, la de México -BMV- se precipitó hoy en casi cinco puntos porcentuales, y el dólar se cotizó en 20.99 pesos. El influyente diario The Wall Street Journal editorializó hoy en contra de praxis política del presidente electo... sólo TWSJ, ningún otro medio del mundo lo hizo. El asunto, visto así, apesta.
Confiemos en que estos signos no deriven en una guerra financiera entre los poderes económicos y constitucionales, porque la situación podría salirse de control y tornarse de muy alto riesgo ya no sólo para los asuntos del dinero, sino para toda la paz social.
Y aún así, hay mexicanos que aplauden.

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viernes, 23 de noviembre de 2018

El despropósito que viene...












Apunte de Jaime F. PérezUscanga
El Mante, Tam. 23 de noviembre de 2018.


Para quienes vivimos en el mundo occidental y aprendimos a ver, escribir y leer de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo, nuestra vista interpreta una figura empezando por el extremo izquierdo y termina en el extremo derecho, para posteriormente recorrer la figura de arriba hacia abajo, pero siguiendo siempre esa misma dirección original (de izquierda a derecha).

En la grafología, ese principio se conoce como "el 2" (coloca el dedo índice sobre el primer color que veas en cada una de las fotografías y dibuja un número dos y verás cómo se desarrolla de manera natural el movimiento direccional descrito; en la primera foto, el verde está al inicio y en la segunda foto, el rojo está al inicio. Este ejercicio se utiliza como principio para ubicar los principales elementos gráficos en, por ejemplo, un cartel).
Volviendo al caso de la Banda Presidencial, dado que su posición es inclinada (la figura del águila del escudo marca esa posición), empezando en el punto izquierdo superior y terminando en el punto derecho inferior, el primer color a la arriba a la izquierda debe ser el verde, luego el blanco y al final el rojo.
Así pues, si observamos primera la fotografía, claramente veremos que la posición actual de los colores de la Banda Presidencial es correcta, primero el verde, luego el blanco y al final el rojo.
Invertir la posición de los colores tal y como se aprecia en la segunda fotografía, es simple y llanamente un despropósito. Intrascendente en sí, pero definitivamente incorrecto, pues cualquiera puede "leer" que los colores de la banda que luce López Obrador son, en orden natural, primero el rojo, luego el blanco y al final el verde, tal cual lucía hasta el año 2010, cuando el entonces presidente Felipe Calderón promovió en el congreso el cambio en el orden de los colores de la banda.
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sábado, 8 de marzo de 2014

Las mantenses...
























Apunte de Jaime F. PérezUscanga
El Mante, Tam. 8 de marzo de 2014


Las mantenses...


Con motivo de la conmemoración
de los movimientos emancipadores de las mujeres.


Mayoritariamente, la mujer mantense vive atada a sus propios prejuicios, a las exigencias de su familia, amigos, compañeros; a su entorno. Atada a los miedos. Rodeada de trabas, de trampas, de circunstancias que no controla. Del siempre cercano y accesible confort que, paradójicamente le ofrece la pobreza e incluso la medianía y hasta la opulencia, pues siempre habrán de ir de la mano –de manera simultánea y equilibrada- la educación y la economía; la cultura y la educación; la educación y las oportunidades.

Una por una son insuficientes. Cuando esas condiciones existen suficiente y apropiadamente, –economía, educación, cultura y oportunidades-, las mantenses suelen ser extraordinarias. Cuando no, sucede lo que tan a menudo vemos…

El tema de los derechos de las mujeres es así: dramático.

Quienes disfrutan de ellos son brillantes como estrellas; cuando no, es como el negro y profundo manto celeste nocturno. En esa proporción: unas contadas y el resto, inmenso.

Por eso el tema es difícil de abordar, a menos que se trate de cantar Las Mañanitas, partir pasteles, recitar loas o prometer piso parejo para todos sin importar el género.

Lamento que sea así cuando deberíamos ser nosotros, los hombres y las mujeres, quienes debiéramos festejar la conmemoración, dejando a los gobernantes el papel de procurar que ese cuatrinomio - economía, educación, cultura y oportunidades- se cumpla.

Pero sucede justo al revés. Heme aquí armando con esfuerzo las ideas y  tecleándolas con tanta prudencia que pareciera que estoy desarmando una bomba, mientras que quienes nos gobiernan festejan la inexistencia del goce pleno de los derechos elementales que faciliten la emancipación de las mujeres como condición indispensable para el desarrollo de la sociedad en su conjunto.

No descalifico los logros alcanzados, el camino avanzado. El punto es que el problema aquí es grave, inmenso, escandalosamente mayoritario y debiera preocuparnos más a todos.

La importancia de la mujer en la sociedad es tal, que si se establecieran las bases de acceso a la economía, la educación, la cultura y las oportunidades, El Mante sería otro. Esa es una condición propia de las naciones más desarrolladas del mundo. A mayores derechos ciudadanos sin condición de género, mayor es el nivel de bienestar de su población.

En contrario, en las naciones con menores posibilidades de acceso a una economía sana, una educación de calidad, una cultura amplia y profunda y a las facilidades sociales, políticas, laborales, recreativas y de salud para las mujeres, más bajos son los niveles de bienestar de su población. Este es el contexto de nuestra nación y es menester reconocer que El Mante se ubica muy por debajo de esos indicadores de bienestar a nivel nacional. De ahí la gravedad.

Finalmente, mi reconocimiento a todas aquellas mujeres que, pese a tener todo en contra, han sabido, querido y podido florecer y prosperar. A quienes no, les ofrezco mi participación en el día a día de la lucha constante por alcanzar tales condiciones de justicia y libertad.


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martes, 31 de diciembre de 2013

31 de diciembre / 1 de enero…




















Apunte de Jaime F. PérezUscanga
El Mante, Tam. 31 de diciembre de 2013

Del 31 de diciembre al 1 de enero...




Hoy, hace 20 años, recuerdo, estaba yo en mi privado de la sala de redacción del periódico El Sol de Tampico. Tenía a mi cargo la selección de las colaboraciones editoriales y las noticias nacionales e internacionales. Pocos minutos después de las doce de la noche, llegó el primer cable (no recuerdo bien si de la AP o de la AFP) que daba cuenta de un ataque armado que había sufrido el cuartel militar de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Minutos después, una serie de nuevos cables narraba los sorpresivos ataques a las fuerzas armadas por parte de indígenas que cubrían sus rostros con pasamontañas y pañoletas rojas; siete municipios chiapanecos estaban siendo asaltados de manera simultánea…

Tras consultarlo con el Secretario de Redacción, don Joaquín Botello (QEPD), con el entonces Jefe de Redacción (hoy director del diario), Agustín Jiménez, y con el Director General, don Rubén Díaz de la Garza (QEPD), decidimos -pese a ser la noche de fin de año- retrasar la edición de esa sección hasta que la información sobre los sucesos de Chiapas fueran más contundentes. Mi intuición me decía, desde el primer ‘flash’ informativo, que algo grande estaba sucediendo. Siete meses antes igual me sucedió cuando llegó el primer cable que daba cuenta del asesinato del cardenal Posadas, en el aeropuerto de Guadalajara.

El nacimiento del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que originalmente ocupaba la primera plana de la sección, quedó opacado por la contundencia de la información que estaba ya siendo transmitida por las principales agencias noticiosas del mundo.

Antes de la una de la mañana empezaron a llegar las primeras fotografías que dibujaban la rebelión indígena que marcaría el fin del sexenio de Carlos Salinas de Gortari y la proclamación del naciente Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El rostro, oculto por decenios, del México ignorado, hacía su debut mediático a los ojos de todo el mundo.

Al día siguiente (y durante varios días más), la sección nacional ‘forró’ el resto del periódico, luciendo a todo color una gran fotografía del hombre aquel que sostenía en su boca una pipa y cubría su rostro con un pasamontañas negro.

Hubieron de pasar muchos meses, años,  para que trascendiera que el famoso subcomandante Marcos era originario de Tampico, miembro de una honorable familia; su padre era propietario de una mueblería de mediano tamaño. Él había egresado de un reconocido colegio católico (jesuita). Sus ojos verdes y el estilo poético con el que se expresaba en sus famosos comunicados y en las decenas de entrevistas que concedía a medios nacionales e internacionales, habían seducido al mundo. El zapatismo fue, sin duda, el primer movimiento armado (después político) que se valió de la Internet para posicionarse internacionalmente y arrinconar al gobierno mexicano, obligándole a reconocerle como ejército en pié de guerra contra el Estado mexicano y a negociar con él.

¡Qué patético luce, veinte años después, el asalto mediático del joven gobernador chiapaneco que festina con su escuálida humanidad (y decenas de millones de pesos), el primer informe de su administración!

La memoria, parece, nos la juega rudo. Al tiempo…

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domingo, 29 de diciembre de 2013

Nuestros miserables...



Apunte de Jaime F. PérezUscanga
El Mante, Tam. 29 de diciembre de 2013

Nuestros Miserables...


Victor Marie Hugo, fue un destacado político, pensador, poeta y escritor francés que en 1862 escribió la novela titulada “Les misérables” (Los miserables), obra en la que el autor plantea a través de su argumento, un razonamiento sobre el bien y el mal, sobre la ley, la política, la ética, la justicia y la religión.

“Los miserables” es considerada la obra más leída durante el siglo XIX y representa una excelente referencia del contexto social de la Francia en los años posteriores a su revolución, la Francia de los desprotegidos y oprimidos. Formó parte, desde luego, de la extensa lista de obras de lectura obligada durante mis años de formación académica y, en consecuencia, como muchas otras obras leídas después ya por elección propia y mero gusto, influyó de manera importante en lo que al paso de los años se fue configurando como mi propio pensamiento y visión del concepto de la sociedad y de los principios y valores que la sostienen.

En obvio de que las condiciones en que las clases más desprotegidas de la Francia del siglo XIX nada tienen que ver con las que hoy viven esas mismas clases sociales en nuestro país, es necesario colocar sobre la mesa al segmento social que, pese a todos los adelantos y avances culturales, económicos, científicos y tecnológicos, prevalece aún con casi idénticas condiciones a las de los miserables de Víctor Hugo.

Me refiero a todas esas personas que día a día nos extiende su mano para que le demos algunos centavos, a las niñas y los niños que frecuentemente se nos acercan para que les compremos alguna golosina o que, de plano, les regalemos alguna moneda. A los muchos que optaron por las calles para de alguna manera sobrevivir ante las insoportables condiciones de miseria y violencia que les ofrecía su hogar. A jóvenes los que prefieren la certeza de la muerte antes que la incertidumbre de lo que la vida les ofrece… y, de manera especial, a quienes ni siquiera tuvieron la oportunidad de elegir porque su naturaleza o alguna variable de las miles que en algún momento enfrentaron, les canceló parte de sus capacidades intelectuales y nubló la razón, cualidad que los arroja prácticamente al reino animal, a la subespecie de la humanidad reducida que tan solo cuenta con sus instintos para sobrevivir y de la ocasional solidaridad de quienes les rodeamos.

Aquí, en El Mante, no solo no somos ajenos a tales fenómenos de miseria, marginación y locura. De hecho nos es inherente, cotidiano, propio… tanto que antier y ayer lloramos por la muerte de un muy conocido hombre, “El loco Saavedra”, quien cayó abatido por el frío. Saavedra era un popular loquito que había tomado las calles de la ciudad como casa. Era alimentado por los empleados y propietarios de prácticamente cualquier restaurante o fonda; la gente le regalaba ropa, zapatos, refrescos, cigarros y hasta dinero, aunque también le hacía blanco del desprecio, de la burla, de la agresión, del abuso.
Por tratarse de ser miembro de una conocida familia, era medianamente tolerado y formaba parte de la escenografía citadina, hasta que la noche del pasado jueves una neumonía lo asaltó y 24 horas después murió en un hospital, hecho que se convirtió en el tema que dominó durante horas en las redes sociales en el entorno local.

Antes que él, muchas y muchos menesterosos locos han perecido. Y muchos otros lo seguirán haciendo, uno a uno, como si existiera una inacabable fila esperando turno para hacer su debut ante la sociedad, cada uno con sus características particulares, y luego desaparecer. Unos, como Saavedra, de manera trágica, otros con discreción.

Cíclicamente, al inicio de cada verano, aparecen de la nada, nuevos locos que como si estuvieran guiados por alguna brújula, convergen en el centro de la ciudad, en donde permanecen por lapsos indeterminados. Algunos de ellos/ellas, llegan para quedarse hasta que la muerte les hace de lado; otros/otras, simplemente se van.

En tanto, la gente, nosotros, les vemos, los despreciamos, les ayudamos y ocasionalmente les obsequiamos alimentos o ropa; circunstancialmente alguna autoridad les asea. Hasta hace pocos años sufrían del arresto y eran confinados temporalmente en la cárcel municipal en donde sufrían innarrables torturas y abusos. No se sabía qué hacer con ellos. Hoy, de plano, se les ignora.

Cuando las condiciones climatológicas son extremas, son conducidos a algún refugio del cual enseguida escapan para volver a sus calles, a sus rutinas, al mundo de los miserables del siglo XXI.

¿No habrá alguna fórmula por la cual la sociedad, nosotros, de la mano de las autoridades, podamos hacer algo de beneficio común, que represente seguridad, higiene, alimentación, salud y reclusión digna para ello?

Para un pueblo como El Mante, en donde las necesidades son incontables, las urgencias muchas y los recursos para superarlas mínimos o inexistentes, la edificación y operación de un hospital psiquiátrico es impensable; pero no una casa, un asilo, un lugar al cual se les pueda confinar a fin de proporcionarles condiciones humanas de sobrevivencia.

Nadie puede decirse ajeno a este problema. Tal vez directamente no nos impacte lo suficiente como para sentirnos obligados a hacer algo, pero no por ello dejan de ser nuestros miserables y en cada uno de ellos, va la marca de nuestra indiferencia.







jueves, 21 de noviembre de 2013

Los canales ¿son de Mante, del Mante, de Ciudad Mante, de Cd. Mante o de El Mante...?




























Apunte de Jaime F. Pérez Uscanga

El Mante, Tam. 21 de noviembre de 2013

Los canales ¿son de Mante, Ciudad Mante, Cd. Mante, El Mante...?



¡Vaya embrollo en el que nos metieron los que bautizaron al pueblo!

El municipio se llama El Mante. La zona urbana o cabecera municipal es Ciudad Mante (aunque igual puede abreviarse como Cd. Mante)… pero la práctica cotidiana nos hace decir y escribir simplemente Mante, lo cual puede ser aceptable en el lenguaje informal, nunca en el lenguaje hablado o escrito con formalidad.

El problema es que nunca sabemos bien a bien cuándo podemos utilizar uno u otro de los nombres. Si me preguntan en dónde vivo, en automático respondo que en Mante. Si escribo una carta o un documento legal, la referencia obligada es el nombre del municipio, es decir, El Mante. Si me piden mi dirección postal, hay dos opciones:

1.- Si vivo en la cabecera municipal (o zona urbana del municipio), debo utilizar el nombre de la ciudad.
2.- Si vivo fuera de la zona urbana o cabecera del municipio, primero debo especificar el nombre de la comunidad y después el nombre del municipio.


Los canales… ¿son de El Mante, son de Mante o son del Mante?

Los famosos canales del distrito de riego atraviesan no sólo la ciudad, sino muchas comunidades del municipio, por lo que necesariamente son de El Mante. Ojo, de El Mante, nunca del Mante, ya que el fonema /El/ no está aplicado como artículo, sino que forma parte del nombre en sí.

Cuando el fonema /el/ se utiliza como artículo y está precedido por alguna de las preposiciones /a/ o /de/, se deben fusionar o convertir en una contracción: /de/+/el/ = del; /a/ + /el/ = al.

Pero cuando el fonema /el/ no es artículo, sino forma parte del nombre propio como es el caso de El Mante, no cabe la contracción, por lo que decir o escribir que “los canales son del Mante” es incorrecto. En este caso, siempre deberá escribirse con la inicial mayúscula.

Hace unos cuantos días hice esa observación ante un cartel en el que estaba impreso: “Jóvenes Creadores del Mante” y se me respondió que tal vez se referían a la ciudad, no al municipio.

Sin embargo ya vimos que la cabecera del municipio no se llama Mante, sino Ciudad Mante, por lo que, a todas luces, la frase impresa en el cartel es incorrecta. Lo correcto es: “Jóvenes creadores de El Mante” (también es incorrecto el escribir con mayúscula la inicial de la segunda palabra -creadores-).

Así, pues, yo, que vivo en el centro de la ciudad, digo (y escribo) que vivo en Ciudad Mante o Cd. Mante, o informalmente, en Mante. Y… definitivo: los canales son de El Mante, no de Mante.


lunes, 28 de octubre de 2013

¿Cómo se escribe: Amén o Amen?

























Apunte de Jaime F. PérezUscanga
El Mante, Tam. 28 de octubre de 2013

Amen / Amén


Amén es una palabra conceptual hebrea (אמן, amen) adoptada por el árabe (آمين  āmīn), tomada luego por la lengua semita en su forma original hebrea y posteriormente por el griego (ἀμήν), con el que se escribió originalmente El Nuevo Testamento, que se emplea al concluir una plegaria originalmente en el judaísmo y posteriormente en el cristianismo y el islam.