sábado, 8 de marzo de 2014

Las mantenses...


Por: Jaime F. PérezUscanga


Con motivo de la conmemoración
de los movimientos emancipadores de las mujeres.


Mayoritariamente, la mujer mantense vive atada a sus propios prejuicios, a las exigencias de su familia, amigos, compañeros; a su entorno. Atada a los miedos. Rodeada de trabas, de trampas, de circunstancias que no controla. Del siempre cercano y accesible confort que, paradójicamente le ofrece la pobreza e incluso la medianía y hasta la opulencia, pues siempre habrán de ir de la mano –de manera simultánea y equilibrada- la educación y la economía; la cultura y la educación; la educación y las oportunidades.

Una por una son insuficientes. Cuando esas condiciones existen suficiente y apropiadamente, –economía, educación, cultura y oportunidades-, las mantenses suelen ser extraordinarias. Cuando no, sucede lo que tan a menudo vemos…

El tema de los derechos de las mujeres es así: dramático.

Quienes disfrutan de ellos son brillantes como estrellas; cuando no, es como el negro y profundo manto celeste nocturno. En esa proporción: unas contadas y el resto, inmenso.

Por eso el tema es difícil de abordar, a menos que se trate de cantar Las Mañanitas, partir pasteles, recitar loas o prometer piso parejo para todos sin importar el género.

Lamento que sea así cuando deberíamos ser nosotros, los hombres y las mujeres, quienes debiéramos festejar la conmemoración, dejando a los gobernantes el papel de procurar que ese cuatrinomio - economía, educación, cultura y oportunidades- se cumpla.

Pero sucede justo al revés. Heme aquí armando con esfuerzo las ideas y  tecleándolas con tanta prudencia que pareciera que estoy desarmando una bomba, mientras que quienes nos gobiernan festejan la inexistencia del goce pleno de los derechos elementales que faciliten la emancipación de las mujeres como condición indispensable para el desarrollo de la sociedad en su conjunto.

No descalifico los logros alcanzados, el camino avanzado. El punto es que el problema aquí es grave, inmenso, escandalosamente mayoritario y debiera preocuparnos más a todos.

La importancia de la mujer en la sociedad es tal, que si se establecieran las bases de acceso a la economía, la educación, la cultura y las oportunidades, El Mante sería otro. Esa es una condición propia de las naciones más desarrolladas del mundo. A mayores derechos ciudadanos sin condición de género, mayor es el nivel de bienestar de su población.

En contrario, en las naciones con menores posibilidades de acceso a una economía sana, una educación de calidad, una cultura amplia y profunda y a las facilidades sociales, políticas, laborales, recreativas y de salud para las mujeres, más bajos son los niveles de bienestar de su población. Este es el contexto de nuestra nación y es menester reconocer que El Mante se ubica muy por debajo de esos indicadores de bienestar a nivel nacional. De ahí la gravedad.

Finalmente, mi reconocimiento a todas aquellas mujeres que, pese a tener todo en contra, han sabido, querido y podido florecer y prosperar. A quienes no, les ofrezco mi participación en el día a día de la lucha constante por alcanzar tales condiciones de justicia y libertad.


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