viernes, 15 de noviembre de 2013

Lo bueno de (casi) irnos al Mundial


Lecturas…
Columna: Estado fallido, de Susana Moscatel

Mientras que muchos celebran esos inusitados goles como una especie de regreso de los muertos vivientes en términos pamboleros, hay una serie de personas que tiene mucho más que festejar que el simple hecho de que un balón pasó por la portería. Está muy bien que tengamos una gran historia de resurrección potencial ante la ignominia certera. También está muy divertido que los grinches oficiales tengan de qué quejarse (mi favorito: “Cómo no le íbamos a ganar a un equipo que solo sabe jugar rugby”). Pero está todavía mejor, infinitamente mejor, saber que una cantidad muy importante de personas no va a perder su trabajo, como ya estaba prácticamente previsto para el año que viene.

Muchos, instalados en ese perpetuo sarcasmo que necesitamos para sobrevivir en un país surrealista como el nuestro, rápidamente anotaron que los más felices serían los empresarios, particularmente Carlos Slim, por lo que ahora valen esos derechos de transmisión. Sin duda.

Pero también está ese enorme número de profesionales de los medios: editores, productores, reporteros, redactores, camarógrafos y más quienes tienen ligeramente más asegurada su chamba el próximo año. Tan fácil como esto, sin México en el Mundial los presupuestos de publicidad se ven heridos de manera prácticamente irrecuperable. Casi todas las proyecciones para 2014 en radio, televisión, medios impresos y hasta internet están sustentados en el dinero que entraría por el Mundial de 2014.

¿Saben quiénes pagan los platos rotos cuando no hay goles? Los trabajadores. Antes que nadie. Esto al menos es una especie de respiro que esperamos que se logre sustentar en Nueva Zelanda. Ya sé, qué presión para los jugadores. Pero es un hecho. El futbol no es solo un juego. Así se inventó este sistema.


*milenio.com


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